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Bruno Cortes Fotoperiodista
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Todo empezó en San Cristóbal

Tomada de la seccion de editoriales del periodico Reforma

Felipe Díaz Garza
Todo empezó en San Cristóbal

"Una niña indígena de 13 años de edad, que resultó embarazada y dio a luz a consecuencia de una violación, fue arrestada y recluida en el Centro de Readaptación para Menores Villa Crisol, en Chiapas, por haber abandonado en una cuneta a su hija muerta, informaron este jueves fuentes oficiales y grupos civiles.

"La niña María Hernández Gómez será procesada por el delito de violación a la Ley de Inhumación y podría ser sentenciada a más de tres años, señalaron fuentes oficiales".

De acuerdo con una nota publicada por Comunicación e Información de la Mujer (CIMAC), el hecho ocurrió en la periferia del municipio de San Cristóbal de las Casas, en un área donde residen indígenas tzotziles expulsados, por motivos religiosos y políticos, de la cercana localidad San Juan Chamula.

"El pasado martes 13 de mayo inició allí un capítulo más de la pesadilla que vive la niña, quien a pocas horas de dar a luz a su hija muerta y sin saber qué hacer con ella, la dejó abandonada en una cuneta de agua.

"A las pocas horas los vecinos encontraron el cadáver de la recién nacida y procedieron a investigar quién era la madre. Al encontrar a María la entregaron a la policía municipal, que a su vez la entregó al ministerio público de la Subprocuraduría Indígena de Chiapas.

"Según versiones de esa dependencia, María declaró que su hija es producto de una violación. Su padre se encuentra en Estados Unidos y su madre murió hace años, ella llegó a San Cristóbal para trabajar como empleada doméstica y ahí fue víctima de violación.

"Al preguntarle si tenía algún otro familiar, ella contestó que no y que no quería que se le avisara a nadie. Posteriormente fue trasladada al Centro de Readaptación para Menores Villa Crisol, ubicado en el municipio de Berriozábal, a media hora de la capital chiapaneca.

"El ministerio público aseguró que María fue revisada por el médico legista para conocer su estado físico y cerciorarse si podía ser trasladada al reclusorio.

"Fueron pocas las horas que la pequeña de 13 años estuvo en el MP. Se levantó la averiguación previa IAO1/296/03-05 y luego fue llevada, sola y sin asesoría legal, al que ahora será su hogar si la condenan.

"Este hecho fue dado a conocer mediante el noticiero local del municipio, pero las instituciones que debieron haber canalizado el caso de María, como el Instituto de Desarrollo Humano (IDH) de San Cristóbal, se desentendieron de la situación.

"En las oficinas del IDH informaron a la prensa que el subprocurador de Atención al Menor y la Familia está de viaje y regresa hasta junio, la titular tampoco se encontraba y la dependencia no sabía del caso.

"En la Cruz Roja un socorrista informó que la recién nacida había sido encontrada en una cuneta de agua, cerca de un basurero, en las primeras horas del martes 13, en la Calle Oro de la colonia Florida. La bebé aún estaba envuelta en la placenta".

Hasta aquí la transcripción textual de una nota del servicio informativo CNI en Línea, publicada en su edición de ayer, que me he tomado la libertad de reproducir. En su escueta expresión noticiosa el texto constituye, sin necesidad de agregados, un editorial, un profundo y conmovedor editorial. El editorial de CNI que acabo de referirle, pues, me ha llevado a la tristeza, primero, y a la rabia, después.

Es triste y enojoso que esto suceda en el mismo país cuyo gobierno y cuya sociedad se duelen, o dicen dolerse, del abandono, mortal en docena y media de casos, del que fueron objeto en Estados Unidos los mexicanos indocumentados pasajeros del tráiler convertido en féretro colectivo en Victoria, Texas. Usted y yo y nuestro gobierno debemos entender, me susurra lo sucedido a la indígena chiapaneca, que el abandono de los ilegales muertos en Texas la semana pasada empezó en San Cristóbal, donde esta niña de 13 años fue violada por la sociedad que la abandonó, no por el padre de la otra niña, la nacida muerta a la madre infante.

El abandono de los ilegales mexicanos empezó en la cuneta de un basurero de la periferia de San Cristóbal, donde la sociedad y el gobierno mexicanos tiraron el cadáver de su irresponsabilidad, achacándole el crimen a una inocente indígena tzotzil que emigró, como sus hermanos del tráiler de la muerte, a San Cristóbal para hacer su vida, encontrando allí sólo la muerte en vida, a la que la cuidadosa y moral sociedad mexicana la ha condenado al apresarla, nada menos que por violar la Ley de Inhumación, y mandarla a un centro de readaptación para menores que, como todos los de su género, no es sino un centro de destrucción de menores.

María no necesita que la readapten. La que necesita ser readaptada, con urgencia, es la sociedad mexicana. Necesita ser castigada por el crimen infame que todos hemos cometido contra María Hernández Gómez. Porque todos los que la abandonamos somos culpables de su violación, de su embarazo terminado en muerte, de su infancia cortada de tajo y convertida en vejez a los 13 años, de su hambre, de su necesidad de emigrar y de su reclusión, que debería ser la nuestra, la de todos los demás.

Igual somos culpables de la muerte de los ilegales mexicanos en Victoria, Texas.

http://www.reforma.com/editoriales/articulo/297017/default.htm

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